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Inversión pública y privada

1. Tras el periodo de bonanza económica (2002-2013), pasamos a los años de la desaceleración (2014-2017). Durante el primer periodo crecimos a una tasa de 6.1%, pero, en el segundo, esta tasa se redujo a 3.0%. Si pudiésemos recobrar el crecimiento de los años de bonanza, el país duplicaría su ingreso per cápita en 15 años, mientras que si seguimos con el crecimiento del último periodo, el plazo requerido más que se triplicaría (47 años).

2. Crecer al 3.5% por año (2% en términos per cápita) es claramente insuficiente; con esa tasa nos tomaría algo más de 40 años alcanzar el nivel de ingreso per cápita de Chile hoy en día. Necesitamos enfocarnos en cómo retomar el crecimiento alto y sostenido. Para lograr esto necesitamos promover la inversión privada, y realizar las reformas y ejecutar los proyectos de inversión pública que contribuyan al crecimiento de la productividad y/o viabilicen nuevos proyectos de inversión privada. 
3. ¿Estamos haciendo esto? Tras el bache inicial de la inversión pública al inicio de este gobierno, es probable que esta se recupere en los siguientes meses. Tras este rebote, el crecimiento de la inversión pública pronto chocará con la restricción presupuestal, que será más fuerte y limitante que durante los años de la bonanza.

4. Esta última observación –recursos fiscales escasos– muestra por qué la inversión pública que se ejecute debe ser altamente rentable. Pero  constatamos que muchos proyectos públicos  no cumplen con este requisito mínimo: la refinería de Talara y el Gasoducto del Sur, por ejemplo. Es más, muchos proyectos incurren en grandes sobrecostos por la falta de cumplimiento de compromisos por parte del Estado, con lo cual su rentabilidad disminuye o desaparece (el caso de la Línea 2 del Metro y de varias carreteras licitadas hace más de 10 años y aún no concluidas).

5. Necesitamos mejorar de manera significativa los procesos de inversión pública en el país. El MEF y ProInversión están mejorando la supervisión y el seguimiento de las APP; probablemente, esta mejor gestión nos traerá beneficios en el corto plazo al promover que los proyectos adjudicados efectivamente se ejecuten y que lo hagan con menos demoras y sobrecostos. Es un importante paso adelante, pero necesitamos avanzar en otros aspectos.

6. La oportunidad y la secuencia de los proyectos de inversión pública es crucial y para ello,  resulta indispensable coordinar esfuerzos y priorizar proyectos. Por ejemplo, ¿tiene sentido promover la inversión en exploración de hidrocarburos, antes que invertir en el oleoducto? ¿No sería lógico que, recién después, invirtamos más de 5,000 millones en la Refinería de Talara? ¿Es razonable haber invertido en el teleférico de Kuelap antes que en el aeropuerto de Chachapoyas? Priorización, coordinación y secuencia son conceptos cruciales que deben guiar la inversión pública.

7. Preocupa que  más de 2/3 de la inversión pública esté en manos de gobiernos sub nacionales que han probado no tener la capacidad para ejecutarla de manera eficiente. Asimismo,  es necesario revisar a fondo el programa de obras por impuestos (OxI). Las OxI no aumentan la inversión, solo sustituyen a los proyectos tradicionales de inversión pública. ¿Es esto una buena idea desde el punto de vista de transparencia, coordinación y eficiencia?

8. Estamos frente a una coyuntura internacional favorable que el Perú debe aprovechar. Hay que fomentar la inversión, tanto pública como privada. El esfuerzo público requiere de una estrategia explícita y concertada con el sector privado. Hay, MEF, mucho por hacer.

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