- ¿Cuáles fueron los años dorados del crecimiento económico en el Perú? Para contestar este interrogante, calculamos la media móvil (geométrica, 10 años) del crecimiento de la economía peruana. Los años en que esta serie llegó a su nivel más alto fueron: 1953,1957 y el 2013, en los que el crecimiento anual promedio de los 10 años previos alcanzó el 6.4%. Así, los periodos en que más crecimos de manera sostenida fueron aquel que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial, con la reactivación del comercio internacional, y el del superciclo de los commodities en la década pasada. Pareciera, pues, que para alcanzar altas tasas de crecimiento sostenido necesitamos de una ayudita de la economía mundial.
- Ambos periodos de crecimiento alto y sostenido tuvieron en común que estos ocurrieron cuando tuvimos una economía de mercado adecuadamente insertada en la economía global, en la que el crecimiento fue liderado por las exportaciones y sustentado en una significativa acumulación de capital (alta tasa de inversión privada). Sin embargo, hay una importante diferencia entre ambos periodos: el crecimiento poblacional. Mientras que en los años 50 nuestra población crecía al 2.7% por año, durante el reciente superciclo de los commodities el crecimiento demográfico había disminuido sustancialmente, a cerca del 1% anual. Esto llevó a que el crecimiento en el ingreso per cápita fuese mucho más alto en el periodo más reciente.
- Hoy, a diferencia de hace unos años, el que nuestra economía crezca al 4% anual, lleva a que el PBI per cápita se incremente en 3% al año, la misma tasa que se alcanzó en la década de los 50, la década de mayor crecimiento del Perú. Es conveniente poner el crecimiento actual en perspectiva. En los últimos diez años, Latino América y el Caribe creció al 2.1% anual, la economía mundial lo hizo al 3.3%, Chile –con quien nos gusta compararnos– al 3%. Así, la tasa del 4% que probablemente alcancemos este año no es nada despreciable y, mucho menos, mediocre.
- Hago referencia a estas cifras porque veo a muchos profesionales y empresarios de primer nivel quejarse con el crecimiento del 4% y señalar que si solo hiciésemos tal o cual reforma, el Perú podría rápidamente ponerse a crecer al 6% o más por año de manera sostenida. ¿Es esto cierto? No lo creo; hay que tener cuidado con levantar falsas expectativas, que de eso ya hemos tenido bastante.
- Es útil recordar que el efecto de las reformas implementadas a principios de los años 90 sobre el crecimiento tomó un buen tiempo en consolidarse. Durante la segunda parte de esa década, la crisis asiática, la moratoria rusa, la salida de capitales de la región y el Fenómeno del Niño, fueron todos shocks negativos que frustraron un despegue económico más rápido. A pesar del extraordinario avance logrado en materia orden macroeconómico, reformas pro-mercado, orden interno y paz social, el crecimiento de esos años fue francamente decepcionante.
- Promover la flexibilización del mercado laboral, el fortalecimiento institucional, la lucha contra la corrupción, el mayor y mejor gasto en salud y educación, y transformar la estructura de incentivos bajo la que opera nuestra burocracia (la real reforma del Estado), sin duda contribuirán a elevar nuestro crecimiento potencial. Estas medidas son indispensables, pero su impacto de corto plazo será bastante limitado. Se requiere, además, medidas con impacto en el corto plazo, que permitan acelerar rápidamente la acumulación de capital: destrabar los grandes proyectos de inversión –públicos y privados– y para esto requerimos de claridad económica y liderazgo político.
Fuente: Diario Gestión “La locura es hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes”, es una conocida frase equivocadamente atribuida a Albert Einstein (apareció por primera vez en la novela de Rita Mae Brown “Muerte súbita”, publicada en 1983, casi 30 años después de la muerte del reconocido físico). Si la citada aseveración sobre el comportamiento repetido –reconocible como locura– fuese correcta, entonces podríamos inferir que muchos peruanos sufren de un grave problema de salud mental. En efecto, se comportan como si sufrieran de algún trastorno mental al apostar, una y otra vez, por lo que no funciona, o, peor aún, cuando optan por desechar aquello que ha probado repetidamente que sí les funciona. A continuación, algunos ejemplos recientes en el campo económico de lo primero: (i) asignar más recursos fiscales a gobiernos subnacionales que carecen de la capacidad de ejecutar adecuada y transparentemente un mayor presupuesto público; (ii) rescatar y meterle...

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