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Incertidumbre política y política económica



  1. Al comenzar el nuevo año, resulta importante reflexionar sobre lo que nos espera en los siguientes doce meses. Probablemente, el 2020 esté marcado –nuevamente– por la incertidumbre y el ruido político. Esto no ayudaría a una pronta recuperación de la economía, que el año pasado habría registrado el menor crecimiento de la última década (estimado en 2.3% según el último Reporte de Inflación del BCRP). Sin embargo, es importante acotar que en el corto plazo la economía y la política peruana usualmente han ido por cuerdas separadas. Así, aunque el entorno político no ayude, el crecimiento de la economía dependerá, sobre todo, del manejo de la política económica y, por supuesto, del comportamiento de la economía mundial.
  2. En el frente interno, el 26 de este mes se elegirá al nuevo congreso, cuya composición futura es muy difícil de anticipar. ¿Cuál será la participación de los diferentes partidos y movimientos políticos? ¿Serán los nuevos congresistas ciudadanos mejor preparados que aquellos que los antecedieron? ¿Podrán priorizar el interés nacional por encima de los intereses partidarios o electorales de corto plazo? ¿Podríamos vernos nuevamente envueltos en una batalla campal sin sentido entre los diferentes poderes del Estado?
  3. Y como si las interrogantes anteriores no fueran suficientes, el Tribunal Constitucional tiene la tarea pendiente de resolver respecto a la contienda de competencias entre el Congreso disuelto y el Ejecutivo. Un fallo a favor del primero probablemente no restituiría en sus cargos a los ex congresistas, pero sin duda enrarecería el clima político y debilitaría al Ejecutivo. Por otro lado, a fin de año empezarán las campañas políticas para las elecciones presidenciales del 2021. Hoy, es muy difícil prever el comportamiento que mostrarán las diferentes facciones políticas, y esta observación solo subraya la incertidumbre a la que nos enfrentamos.
  4. La incertidumbre causada por el calendario electoral probablemente ralentice la inversión privada, aunque no necesariamente en todos los sectores económicos. En contraposición a lo anterior, el frente externo pinta menos desfavorable que en el 2019. Se prevé que las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China disminuyan. Ambos países parecen comprometidos en dar término a una guerra comercial sin sentido. El apaciguamiento del conflicto entre ambas potencias permitiría reactivar el comercio y el crecimiento mundial, lo que propiciaría una recuperación de los precios de nuestras exportaciones y terminaría fortaleciendo al sol frente al dólar.
  5. En el contexto antes descrito, y dado el escaso espacio para ser más expansivo por el lado monetario, el peso de la ansiada reactivación recaerá en la inversión pública. Al respecto, las autoridades subnacionales –a cargo de casi dos tercios de la inversión pública– entrarán a su segundo año de gestión y es esperable que aceleren la ejecución de las obras a su cargo. Asimismo, las recientes medidas adoptadas por el MEF promueven el destrabe de proyectos de inversión y, en el actual contexto de desaceleración económica, resulta evidente que postergar por tres años el cumplimento de la meta de déficit fiscal (la reducción de este al 1% del PBI) es más que oportuno y positivo para el país.
  6. Si dejamos el corto plazo de lado y pasamos a pensar en cómo incrementar el crecimiento potencial, entonces el énfasis cambia: fomento de la productividad y competitividad, fortalecimiento de nuestras instituciones y atención de problemas de equidad. Estos dos últimos aspectos, muchas veces descuidados por los economistas, son cruciales, pues le darán sostenibilidad política y social al modelo económico que tantos beneficios nos ha traído.

Comentarios

  1. Brillante como de costumbre. Solo añadiria al punto 6 el incremento de la participacion del sector educacion en el presupuesto de la Republica.

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